El sábado 3 me dirigí a la William H. Gray III 30th Street Station Philadelphia desde donde operaban los servicios de la AMTRAK, nombre comercial de la empresa pública National Railroad Passenger Corporation (Corporación Nacional de Ferrocarriles de Pasajeros).
William H. Gray III 30th Street Station Philadelphia
A las 16:58 en punto, desde el track 6, partió mi
TREN 97 rumbo a Miami. Había reservado el asiento 23 de la ventanilla. Era muy cómodo, había
buen espacio entre los asientos que eran reclinables, contaba con almohaditas y
tomas corrientes, pero carecía de WI FI. Pienso que tenía como objetivo limitar
el uso de celulares, porque había vagones donde directamente no se permitía su
utilización para que los pasajeros pudieran dormir en silencio.
Cuando ya llevábamos una
hora de viaje, subió un hombre negro, corpulento, muy bien vestido, pero con
una lata de cerveza en la mano y un celular, y se sentó a mi lado. Lo primero
que hizo fue eructar. Luego se puso a hablar por teléfono en forma continua y
en voz muy alta, ya que tenía wifi propio, mientras sacaba más latas de cerveza
de su maletín.
En Washington D. C.,
cerca de las 19:00, el tren paró alrededor de cuarenta minutos, y mi compañero
de asiento se bajó a fumar Belmont, lo que contribuyó a que, además del olor
que exudaba a alcohol, ahora le sumara el del cigarrillo, pero lo que me generó
aún más incomodidad fue que para recargar su celular, pasó el cable por encima
de mí sin pedirme permiso ni disculpas posteriores.
Cuando oscureció por
completo fui al salón comedor donde sólo comí un hot dog con una Pepsi Diet, y
volví a mi lugar para dormir, aunque lo hice intermitentemente, porque este
hombre, cada tanto volvía a comunicarse con alguien en alta voz, además de
emitir sonidos cada vez más fuertes al exhalar los gases acumulados en el
estómago. Y como si eso fuera poco, la noche fue un concierto de toses,
estornudos y ronquidos de los demás pasajeros, por lo que rogaba no haberme contagiado
ninguna peste.
Ya día domingo, cuando
amaneció, pude ver en el trayecto fábricas abandonadas, cementerios de autos,
bosques naturales y plantaciones de pinos, áreas inundadas y riachos, casas de
madera y autos muy buenos. ¡Pero no tenía idea de dónde estaba…!
Hasta que a las 8:00 el tren se detuvo en la estación de la ciudad de Jesup, en el estado de Georgia, permaneciendo allí media hora. Y cuando retomó la marcha volví a ver un paisaje similar al anterior.
Conjunto
de galpones
Bosques
naturales deteriorados
Plantación de pinos
Llegando
a City of Jesup en Georgia
W Cherry Street en City of Jesup - Georgia
Área
inundada cercana a las vías del tren
Plantación
de coníferas
Avanzando
entre bosques naturales e implantados
Bosque implantado de pinos
Como después de una
noche muy activa mi compañero se había dormido profundamente, no lo podía
despertar para poder salir de mi asiento e ir a desayunar. Y cuando lo logré,
él también se dirigió al coche comedor, y se quedó allí un largo rato.
Yo me instalé en una
mesa que estaba libre, y mientras tomaba un jugo de naranja y un café con
cremita, acompañados con un muffin, además de continuar mirando el paisaje por
la ventanilla, me puse a observar a la gente que estaba en las otras mesas.
La mayoría llevaba su comida en tapers u otros recipientes: fruta, sobre todo bananas, galletas, sándwiches, y en termos las bebidas, aunque otros la compraban en el barcito de abordo. Era evidente que se trataba de una clase media. Familias con chicos que jugaban a las cartas o con su laptop, ancianos y pocos jóvenes, además de un intelectual leyendo libros. Me sorprendió que algunos se presentaran dándose la mano antes de iniciar una conversación. También oí, por lo bajo, hablar en español.
Familia
jugando a las cartas
Algunos llevaban su comida, otros la compraban
en el comedor del tren
y algunos
niños jugaban con su computadora portátil
A las 9:38 llegamos a Jacksonville, ya en La Florida, donde descendieron muchos pasajeros porque, según me dijeron, se trataba de una ciudad con diversidad de atractivos para las familias ya que, además de playas, había parques, reservas naturales, excelente gastronomía, y resultaba más económica que Miami y otros centros turísticos del estado.
Estación
de Jacksonville en La Florida
Al sur de Jacksonville
continuaban los bosques y en especial la plantación de pinos, incluso en el
borde de las vías, además de árboles frutales y cultivos cubiertos.
En las áreas urbanas se veían muchos autos
japoneses, como por ejemplo Susuki. También abundaban los cementerios, muy
pequeños con todas las tumbas iguales que consistían en una simple lápida
blanca con pocas flores. Y gran cantidad de autos abandonados.
Plantaciones hasta el borde de las vías
Seguían las lagunas y los bosques más espesos, y entre las superficies de agua visualizamos Lake Mary donde estaban amarradas varias lanchas de turismo.
Lanchas
de turismo en Lake Mary
En menos de media hora arribamos a la estación de Winter Park, una pequeña ciudad que se veía muy bonita, y donde la gente había comenzado a vestirse de verde por St. Patrick, que se celebraría trece días después, el 17 de marzo.
Winter Park, bonita ciudad
Estación
de Winter Park
Moderno
parque automotor en Winter Park
Muchos
espacios verdes en Winter Park
El
17 de marzo, trece días después era Saint Patrick
Grandes y chicos vestidos de verde
Me resultaba muy
placentero estar en el comedor de ese tren, por lo que aún me encontraba allí,
y me puse a charlar un rato con un hombre mayor que iba de Chicago a Orlando.
Él me comentó que a su edad le resultaba muy complicado permanecer todo el año
en una zona tan fría, y que la Florida se había convertido en el sitio donde
todas las personas de elevada edad pretendían habitar.
A las 13:35 llegamos a
la estación de Orlando, y, además de él, se bajaron casi todos los niños, y me
compañero otra vez se bajó a fumar.
Me llamó mucho la atención que en la plataforma hubiera una viejita en silla de ruedas comiendo un sándwich de hamburguesa. ¿Será tan sano o sólo tenía cuarenta años? JAJAJA ¡También comió torta de frambuesa!!!!
Estación
ferroviaria de Orlando
Esperando el tren en la estación de Orlando
Una anciana comiendo un sandwich de hamburguesa
Cuando partimos tuvimos una visión general de la ciudad que me pareció mucho más grande de lo que había imaginado. Y la gente saludaba al paso del tren, ya sea desde los autos o de a pie.
Una calle de Orlando
En el camino hacia el sur, el tren paró en todos los pueblos, y en el trayecto había más cementerios de autos, más lagunitas que no supe si eran naturales o artificiales, muchos campings, la gente pescando, frutales y colmenas, caballos, tanques de petróleo y casas de madera, algunas construidas sobre base de piedra o cemento, y otras sobre pilarcitos como palafitos bajitos.
Pasando por una de las tantas lagunas de la Florida
A las 15:30 estábamos
en Winter Haven, un verdadero refugio de invierno.
Aparecieron algunos cirros y otro tipo de nubes. Allí la mayor parte de la vegetación era implantada, pero más tupida. ¡Y aparecieron las vacas…!
Extrañas
nubes en Plorida
Vegetación heterogénea
Vegetación implantada
¡Y aparecieron las vacas!
A las 16:15 llegó a Sebring, donde había campos de deportes y extensas plantaciones de cítricos. Las naranjas se caían de los árboles de tan cargados que estaban. Y comenzaron a circular camiones que transportaban las naranjas.
Campos
de deportes
Las
naranjas se caían de los árboles
Mayor
densidad de vegetación
Llegando a Palm Beach
cruzamos el río Loxahatchee.
La vegetación era cada vez más densa, aunque no muy alta y aumentaba la presencia de palmeras; y también había algunas canteras de rocas para la construcción cercanas a la vía del tren.
Comenzaron a aparecer las palmeras
Río Loxahatchee, cerca de Palm Beach
Uno de los tantos puentes de Florida
Canteras de rocas para la construcción
A las 17:45 estábamos en la estación de West Palm Beach, una ciudad costera que se veía vibrante y con muchas palmeras en su plaza. Allí también se bajó gran parte del pasaje.
West
Palm Beach
Atardecer en West Palm Park
Si bien casi todos los
guardas eran negros, las etnias de los pasajeros eran variadas. Al vagón
comedor habían llegado varios negros, las mujeres se habían puesto a jugar a
las cartas y los hombres, a escuchar música; los blancos estaban conversando
bajito o jugaban con su internet propia; y los latinos hablaban en español a
los gritos.
Pasó mi compañero de
asiento que fue a comprar otra cerveza y me saludó con una sonrisa. Yo fui por
una pizza y descubrí que el que estaba a cargo del bar del tren con quien había
hablado todo el tiempo en inglés se llamaba José. Le pregunté si hablaba
español y resultó ser limeño y estar casado con una argentina.
A las 18:10 el tren paró en Delray Beach, donde aumentaba la presencia de palmeras. Era considerada una de las mejores playas de Florida para las familias, y, de hecho, allí se quedaron la mayoría de ellas.
Boulevard
con palmeras desde el paso a nivel en Delray Beach
Un
parque en Delray Beach
Finalmente llegamos a
Miami a las 19:20. Había tardado veintiséis horas y veintidós minutos.
Tomé un taxi con
chofer haitiano que por casi 30 U$S me llevó hasta el hotel Bayside Continental
en el Puerto de Miami Downtown.
Dejé mis bártulos en
la habitación y pregunté desesperadamente dónde podía cenar porque en los
alrededores había visto que todos los locales ya estaban cerrados. Me indicaron que en el shopping del puerto que
estaba abierto siendo domingo, ¡como hasta las once o doce de la noche!!!!
Elegí un restorán
mexicano. Como era de esperar, el plato era muy abundante y sustancioso, y lo
acompañé con una Coca Cola.
El lugar era muy
agradable, pero los comensales que tenía enfrente de mi mesa eran turistas
grasas que se tiraban con la mayonesa y el guacamole. Los mozos se los bancaban
por la propina
Experiencias de ese
tipo ya había vivido en viajes anteriores. Evidentemente, todos los boludos del
mundo que se querían hacer ver estaban en Miami.
En
el restorán del puerto de Miami
Entré al Disney Store para comprar regalos para mis nietas, ya que ellas adoraban a eso personajes, y antes de que se dieran las doce, regresé al hotel para entregarme a los efluvios de Hipnos.
Disney store
Habitación del hotel Bayside Continental
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