viernes, 23 de octubre de 2020

En Cochabamba, la ciudad más florida de Bolivia

  A la mañana siguiente de llegar salimos a conocer Cochabamba, la tercera ciudad de Bolivia en cantidad de habitantes e importancia económica, después de La Paz y de Santa Cruz de la Sierra, siendo considerada “el corazón de Bolivia”, por su ubicación geográfica.

Se la llamaba “Ciudad de la Eterna Primavera” o “Capital de las Flores” debido a sus temperaturas moderadas durante todo el año; en invierno no bajaban de 10°C, y en verano no superaban los 30°C, permitiendo el cultivo de flores en muchos sitios y principalmente en la plaza “14 de Septiembre”. Con diversidad de árboles, entre los cuales se destacaban altas palmeras, se trataba de un lugar donde se encontraban tanto vendedores ambulantes ofreciendo todo tipo de productos, grupos políticos divulgando sus ideas, como niños correteando a las palomas y abuelos observando todo desde algún banco a la sombra.


    

Plaza “14 de Septiembre”, la principal de Cochabamba

  

Plaza muy concurrida durante toda la mañana

  

Jardines muy cuidados en la plaza “14 de Septiembre

  

En un sector de la plaza se encontraba la fuente de las Tres Gracias, compuesta por tres mujeres de bronce que representaban “la música, las letras y el arte”, llevada allí desde París e inaugurada en 1896. La tradición indicaba que las imágenes hacían alusión a las tres gracias o virtudes que debía poseer una dama: discreción, generosidad y elegancia.

 

 

 

Fuente de las Tres Gracias

  

Cochabamba había sido fundada como “Villa de Oropeza” por Gerónimo Osorio el 15 de agosto de 1571, al pie del cerro San Sebastián. Sin embargo, ya fallecido su fundador, el virrey del Perú Francisco Álvarez de Toledo, le dio la venia a Sebastián Barba de Padilla, para que la volviera a fundar, lo que ocurriera el 1ro. de enero de 1574 en el predio de la Plaza 14 de Septiembre. 

La economía de Cochabamba, desde sus inicios, estuvo sustentada por la agricultura, siendo su apogeo durante el período colonial cuando la explotación de la plata en Potosí tuvo su máximo desarrollo y se requerían alimentos. Posteriormente se convirtió en un importante centro comercial debido a su relativo fácil acceso hacia otras regiones del país, y ya a fines del siglo XX se habían desarrollado algunas importantes industrias.

Tradicionalmente la mayoría de los comercios se concentraban en el Centro de la ciudad, pero debido a su permanente crecimiento se había comenzado a desplazar hacia el noroeste donde previamente sólo había sido una zona residencial.

La vida nocturna se concentraba en la calle España y en un boulevard o alameda llamado El Prado.

 

 

 


Calle España esquina Plaza 14 de Septiembre

  

Edificio Tomás Bata, frente a la plaza fundacional

  

A tan sólo una cuadra de la plaza principal, se encontraba la avenida Ayacucho, sumamente comercial. Y en la esquina de la calle Santivañez estaba la iglesia de Santo Domingo, un edificio de piedra y barro con casi cuatro siglos de existencia. Había sido erigido en el sitio original del Convento de los Frailes de la Orden de Predicadores o Dominicos en el año 1612, y era la única construcción religiosa de la ciudad que guardaba semejanza con los templos de la región del Altiplano.

  

Avenida Ayacucho, al fondo la iglesia de Santo Domingo

  

Tal como había ocurrido días atrás en Santa Cruz de la Sierra, lugar donde nos encontrábamos el 4 de enero de 2010, momento en que falleciera el cantante argentino Sandro, en todos los medios de Cochabamba también pasaban permanentemente sus temas, y se vendían sus discos en casi todas las esquinas céntricas.   

Venta de discos de Sandro a pocos días de su fallecimiento

 

 En el casco histórico, se podían encontrar vestigios coloniales y republicanos en contraste con arquitectura moderna.

Edificios del casco histórico de Cochabamba

  

En todo el Centro había mucha gente haciendo compras y trámites. Uno de los lugares adonde acudían era la Contraloría General del Estado, para lo cual en la peatonal Jordán se habían establecido fotocopiadoras y otros locales concatenados a esa institución.  

Martín en la peatonal Jordán

  

La ciudad se encontraba asentada en un valle plano de 2570 m.s.n.m. al pie de los cerros de la Coronilla o colina de San Sebastián y el San Pedro.  


Vista panorámica de la ciudad de Cochabamba

 

En medio de la ciudad se encontraba la laguna Alalay, de agua dulce, que actuaba como pulmón urbano, habiendo sido rehabilitada mediante el dragado de sedimentos y aireación del agua. Tenía una gran variedad de fauna silvestre, así como aves y peces de diferentes tipos.

 

Laguna Alalay, en medio del área urbana cochabambina

 

Plantas acuáticas y variada fauna silvestre en la laguna Alalay

  

En un taxi nos dirigimos al cerro San Pedro, que comenzamos a subir lentamente por la avenida de la Concordia, tomando fotografías en el camino.   

Área parquizada con un espejo de agua artificial

  

Laguna Alalay desde la avenida de la Concordia

  

Al llegar a la cima nos encontramos con maravillosas vistas de la ciudad y la enorme estatua del Cristo de la Concordia.  

Vista del sector residencial de la ciudad desde el cerro San Pedro

 

En Cochabamba se encontraban las sedes de importantes empresas tanto de servicios como industriales, debido al dinamismo de su mercado y del consumo interno. 

 

Vista del nuevo Centro comercial y financiero desde el cerro San Pedro

 

La estatua del Cristo había sido realizada como recuerdo de la visita del Papa Juan Pablo II a Cochabamba en 1988, concluyéndose en 1994. La gigantesca imagen con los brazos extendidos representaba la protección del Cristo de la Concordia sobre la ciudad de Cochabamba y la hospitalidad de sus habitantes. Estaba situada a 2840 m.s.n.m., y tenía una altura de treinta y cuatro metros con veinte, sin el pedestal. En ese momento era considerada la segunda en altura en el mundo, sólo superada por la estatua de Cristo Rey de Swiebodzin, en Polonia; y siendo más alta que la del Cristo Redentor del Corcovado de Río de Janeiro.  

Estatua del Cristo de la Concordia sobre el cerro San Pedro

  

Vista de Cochabamba desde el Cristo de la Concordia

  

Margaritas amarillas sobre el cerro San Pedro

  

Azucenas rosadas en la Capital de las Flores

 

El taxista que nos llevó se puso a conversar con unas mujeres collas al borde del cerro

  

Regresamos al Centro de la ciudad y después de cenar, Martín se quiso meter en la piscina del hotel, pero estaban desinfectándola, por lo que permaneció en el borde muy enojado. 

Martín enojado en el borde de la piscina del hotel

  

Al día siguiente volvimos a contratar un taxi para visitar otros lugares de la ciudad más alejados del radio céntrico. Y fue así como vimos la ciudad desde otra de sus colinas, transitamos por varias avenidas, todas ellas floridas, y finalmente nos allegamos hasta el Centro Cultural Simón I. Patiño. 

Cochabamba desde una de las colinas adyacentes

  

Una de las avenidas con boulevard y árboles floridos

  

El Centro Cultural Simón I. Patiño formaba parte de una Fundación Universitaria de Bolivia, dependiendo, a la vez, de la Fundación homónima radicada en Ginebra. Y su sede principal se encontraba en el predio conocido como Palacio Portales ubicado en la avenida Potosí 1450, en un barrio residencial de Cochabamba. Había sido fundado en 1968 para contribuir al mejor aprendizaje, apoyando las labores de enseñanza formal y no formal, promoviendo actividades tendientes a la difusión de expresiones de diferentes culturas, tanto bolivianas como extranjeras. 

Centro Cultural Simón I. Patiño en Cochabamba

  

Simón Iturri Patiño, el “rey del estaño”, quien amasara una de las mayores fortunas privadas del mundo, construyó dos casas en Cochabamba. Una de ellas pasó a formar parte de la Universidad Mayor de San Simón, y la otra era el Palacio Portales. Esta lujosa mansión, construida entre los años 1925 y 1927, nunca había sido ocupada, y se encontraba en medio de diez hectáreas de hermosos jardines extravagantes diseñados por expertos japoneses, en estilo clásico a semejanza del palacio de Versalles de París. El estilo arquitectónico era predominantemente renacentista francés, amoblado y decorado con elementos llevados desde Europa sin reparar en gastos. Un verdadero testimonio de opulencia inconcebible. 

Enrejado de la mansión de Simón Iturri Patiño en la calle Potosí de Cochabamba

  

Patiño había nacido en 1860 en el Departamento de Cochabamba donde se criara, realizara sus estudios y comenzara su actividad laboral a los veintitrés años como empleado de una casa comercial. En 1894 se trasladó a Oruro para incorporarse a la empresa Germán Fricke y Cía., que se hallaba en aquel momento en plena expansión. Pero poco después estableció una sociedad con los responsables de la mina La Salvadora situada en Potosí, en el cerro Llallagua, que al comenzar el siglo XX se convirtiera en una de las reservas de estaño más importantes del mundo al descubrirse una gran veta. Al aumentar a ritmos acelerados el precio internacional del estaño, se enriqueció rápidamente, comenzando a comprar otras minas y fundando el Banco Mercantil con sucursales en las principales ciudades bolivianas e incluso en la chilena Antofagasta. En la década de 1920 consolidó su fortuna y procedió a fusionar sus propiedades en los Estados Unidos creando The Patiño Mines and Enterprises Consolidated Incorporated, con el fin de eludir impuestos. Instaló oficinas de comercialización en Hamburgo y París, desde donde dirigía sus negocios; y adquirió propiedades, empresas y yacimientos mineros en todos los continentes. En 1925 la renta bruta de Bolivia se calculaba en cincuenta y cinco millones de pesos, y la fortuna de Patiño alcanzaba a cincuenta millones, por lo que le prestara al estado el dinero necesario para la construcción de ferrocarriles, con la condición de que beneficiara directamente a sus empresas, y que el gobierno no aumentara el impuesto sobre el estaño durante cinco años, además de cobrar los intereses. Fue uno de los socios fundadores de El Diario de la ciudad de La Paz, periódico que continuaba aun su vigencia en 2010, año en que nos encontrábamos allí; y proporcionó en 1930 un empréstito al gobierno boliviano para financiar los gastos que le suponía su conflicto con Paraguay sobre los territorios del Chaco. Puso a su servicio al ejército y a la policía de Bolivia, colocó presidentes y ministros, y cuando la crisis del ’30 lo afectaba, se las ingenió para que las deudas las pagara el estado boliviano. Compitió con otros empresarios mineros del mundo a partir de la mano de obra barata, en general indígena, en lugar de mejorar la producción tecnológicamente. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se retiró de Francia huyendo del conflicto para instalarse en Nueva York. Ya en ese momento contó con la colaboración de su hijo Antenor y ejerció gran influencia en los mercados bursátiles. Al cumplir los ochenta años decidió retirarse dejando los negocios a cargo de sus hijos y nietos. Residió entonces en el hotel Plaza de Buenos Aires repartiendo su estada con la ciudad de Mar del Plata. Falleció en la Argentina en 1947 poco antes de cumplir ochenta y siete años y fue repatriado a Bolivia donde descansan sus restos.

Simón Patiño junto con Mauricio Hoschild y Carlos Víctor Aramayo, otros ricos empresarios mineros de Bolivia, eran conocidos como los “barones del estaño”; y tuvieron gran influencia en la política del país hasta la Revolución Nacional de 1952, que efectuó la nacionalización de las minas.

Con respecto a la explotación de los mineros que permitiera el enriquecimiento de Patiño, Decio Machado, perteneciente a la Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales, ha escrito:

“Estos trabajadores, en su inmensa mayoría indígenas, vivían en campamentos expuestos al cortante viento frío del altiplano. Dura realidad la del minero boliviano, quien hospedado en una tierra hostil, en lo alto de la cordillera, trabajaba en las entrañas de los cerros respirando partículas del mineral en una atmósfera mohosa, impregnada de veneno. Su alimento era solamente maíz molido y los derivados que pudiera hacer de esto. El hambre era un flagelo y para superarlo, utiliza la hoja de coca, la cual masca dotándole de un fuerte poder anestésico contra el hambre. Con este estímulo, el indio desarrolla una energía aparente, que le permite desarrollar un trabajo prolongado que le facilitaba las largas horas de jornada laboral en las entrañas de la montaña.

A los cuarenta años, estos indígenas mineros ya estaban acabados. Sus pulmones se petrificaban; su piel se rajaba ante el viento del altiplano; y cuando sus ojos comenzaban a quemar, comenzaban los síntomas de su fatal agonía camino de la muerte: vómitos de sangre, desmayos por agotamiento o debilidad física que ya ni la coca conseguía disimular. Los mineros bolivianos pagaron con su vida el precio de enriquecer a Patiño. Así morían, y en su muerte, eran conscientes de que no había jubilación, ni pensiones, ni nada…, solos quedaban mujer e hijos. Pero en ese dolor, en el sufrimiento de la agonía de la muerte, muchos de ellos encontraban la liberación a una vida de esclavitud, dolor y sustento de una sociedad feudal –tanto en el campo como en las minas-, que consolidaba una vergonzosa oligarquía tradicional, explotadora y criminal que debe pasar a la historia tal y como realmente fueron, y no como nos la intenta dibujar la burguesía boliviana.”

 

Jardines de la mansión Patiño

  

Continuamos nuestra recorrida observando diferentes edificios para luego regresar a la zona céntrica y tener un merecido almuerzo. 

 

Antigua casona cochabambina

 

 

Sector moderno de Cochabamba


 

Omar tomando la sopa que se incluía en el menú del día

 

Martín prefirió la universal pizza de muzzarella

  

Y a la tarde continuamos conociendo la ciudad, pero en barrios de niveles socioeconómicos más bajos.

En cuanto nos alejamos un poco del Centro comenzamos a ver los carteles de propaganda política que habían sido pintados debido a que un mes antes de nuestra llegada, diciembre de 2009, se habían realizado las elecciones presidenciales y parlamentarias en que Evo Morales, del Movimiento al Socialismo había arrasado en la mayoría de los distritos, logrando la reelección y afianzando su poder hasta 2015. 

 

 

DE ORIENTE A OCCIDENTE, EVO PRESIDENTE 2010-2015


Evo Morales se había postulado para un segundo mandato presidencial

 

Hacia el sur de la ciudad el crecimiento era marginal, no existiendo los mismos servicios que en otros sectores. Calles y veredas sin demarcar, y por ser de tierra, con anegamientos después de cada lluvia.

 

Crecimiento marginal en los bordes de la ciudad

 

El asfalto se terminaba demasiado pronto en los barrios del sur de Cochabamba. A sólo cinco kilómetros del Centro, dominaba un amplio valle sin árboles, donde sólo se vía polvo en las calles y canales de riego convertidos en zanjas resecas. 

Calles de tierra sin veredas definidas

  

Anegamiento durante los días de lluvia

 

 

Grandes desniveles en los barrios de las colinas

  

Terrenos sobre las pendientes de las laderas y calles en función de las curvas de nivel 

 

Esa zona de Cochabamba era sumamente árida, pero en el mes de abril del año 2000, los pobres de la ciudad y del campo lograron expulsar a la multinacional que pretendía adueñarse del agua a cambio de hacer algunas obras de distribución. Y desde entonces, la gestión comunitaria del agua ya era un desafío permanente.

  

 Algunas avenidas tenían una capa de asfalto irregular y roto, difícil de transitar

  

La mayor parte de los barrios del sur se habían formado a partir de inmigrantes procedentes de Oruro, siendo después también ocupados por los del resto del Altiplano. 

 

Viviendas muy precarias habitadas por inmigrantes procedentes del Altiplano

  

Anciana hilando manualmente

  

Si bien, por un lado, existían muchas actividades que demostraban la integración de los pobladores, como las deportivas, por otra parte, la inseguridad imperaba en las áreas más alejadas del Centro. Y tras el alto índice de violaciones sexuales, robos, asesinatos y otros actos inmorales que ocurrían en diferentes zonas, se había convertido en territorio sin ley. Por esa razón los vecinos, en señal de advertencia, procedieron a colgar muñecos de trapo para cuando el malhechor fuera descubierto, corriera la misma suerte, optando por hacer justicia por mano propia. Pedían a las autoridades alumbrado público, puestos policiales y controles en las unidades educativas.

 

Una cancha de fútbol/básquet en un barrio de la colina

  

 

Comercios enrejados ante la inseguridad del lugar

  

Muñeco ahorcado en señal de advertencia

  

Muy cerca de allí se encontraba el Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann, por lo que los aviones pasaban a muy baja altura, haciendo que nos resultara temeraria su proximidad.   

Muy cerca de allí se encontraba el Aeropuerto Internacional Jorge Wilstermann

  

Vista panorámica de Cochabamba desde los barrios del sur

  

Vista a lo lejos del Cristo de la Concordia

  

La ciudad, históricamente se había sustentado a partir del cultivo de habas, arvejas, cebolla, maíz, tomate, rocoto, perejil, lechuga, nabo, zanahoria, chirimoya, frutilla y durazno, entre otros productos agrícolas; pero en los últimos años había disminuido su participación en parte por la gran expansión urbana que había reducido la extensión de tierras de la zona sur, así como por el avance en la radicación de algunas actividades industriales que generaban nuevas fuentes de trabajo. Por otra parte, también se habían descubierto importantes reservas de gas natural en sus inmediaciones, lo que la convertiría en otra área importante en recursos energéticos.

jueves, 22 de octubre de 2020

De Santa Cruz de la Sierra a Cochabamba

 

Mientras estábamos en Santa Cruz, anunciaron por todos los medios, el fallecimiento de Sandro, el cantante argentino. Y a partir de ese momento, por todas las radios y los canales de televisión de toda Bolivia, pasaban sus discos y hablaban de él todo el día. Desde ya, que le dieron mucha más prensa que del lado argentino. Las fanáticas lloraban desconsoladamente, tal cual “sus nenas” lo hacían en la puerta de su casa en Banfield.

Mientras nosotros estábamos recorriendo esta zona, mi hija Fernanda, quien había venido a Bolivia, cuando solo tenía once años, estaba haciendo un recorrido semejante con quince días de anticipación respecto de nosotros. Y estando en Santa Cruz y queriendo ir por tierra hasta Cochabamba, le informaron que la flota no salía porque se había roto un puente por las lluvias. Así que tomó un vuelo directo a La Paz. Por lo tanto, nosotros, sin muchas esperanzas, fuimos a la terminal de ómnibus a sacar los pasajes hacia Cochabamba y nos dijeron que no se vendían con anticipación, ni siquiera de un día, porque nunca se sabía si los recorridos se podrían hacer.

Así que nos dedicamos a hacer una última recorrida por la ciudad para intentar al día siguiente a primera hora, comenzar a desplazarnos hacia Cochabamba.

 

Pequeño shopping de Santa Cruz de la Sierra

  


Si bien el casco antiguo de la ciudad no estaba muy bien cuidado, reconozco que fue tal vez lo que más me agradó.


Casco antiguo de Santa Cruz

 

 

Y dentro de esa zona de la ciudad convivían edificios modernos, lo que demostraba que no ha habido protección sobre el patrimonio arquitectónico.

 

Antiguos y nuevos edificios en el casco de origen

  


Caminamos durante toda la mañana, pero después del mediodía la temperatura aumentó considerablemente, la gente desapareció de las calles, y nosotros nos refugiamos en la pileta del hotel.


Disfrutando la pileta en otro día de altas temperaturas

  

Recién al caer el sol volvimos a caminar por la calle y paseamos por el Centro. La Basílica de San Lorenzo, Catedral Metropolitana, estaba iluminada.

 

Catedral de Santa Cruz de la Sierra

  

La Basílica se destacaba por sus bóvedas de madera y por la decoración pictórica que la cubría. En el altar mayor se conservaba una parte del recubrimiento original de plata labrada de la misión jesuítica de San Pedro de Moxos.


Interior de la Catedral de Santa Cruz


Mucha gente disfrutando de una noche apacible y con temperatura muy agradable. La plaza principal siempre estaba colmada, tanto de día como de noche, y eso la diferenciaba de otros sitios de América Latina donde no se vivía de esa manera tan intensa el espacio público.


Plaza 24 de Septiembre, una noche de verano

 

Al día siguiente, bien temprano, fuimos a la terminal de ómnibus y nos informaron que las flotas salían. Tomamos un micro que iba por el camino nuevo, que era menos montañoso y su clima era tropical. Y pasamos por grandes extensiones de cultivos que iban desde arroz hasta plátanos.


Cultivos en la zona de Warnes

  

En esa zona continuaban predominando las haciendas como en los siglos anteriores. El ganado había sido mejorado y abastecía a gran parte del mercado nacional.


Haciendas con ganado para carne y leche

 

La actividad agropecuaria era muy intensa y existía infraestructura que permitía guardar algunos granos para luego ser distribuidos por toda la región.

 

Silos para la guarda de granos


La vegetación originaria quedaba sólo en algunos lugares cercanos a las riberas de los ríos o bien en pendientes donde aun no se habían cultivado los campos.

 

Vegetación original de la región

  

Transitamos por lo que se consideraba la principal ruta del país debido a su tráfico nacional e internacional, ya que era el corredor Iquique (Chile) – Santos (Brasil).


Cultivo de arroz a la salida de Montero

  

Si bien esa ruta hacia Cochabamba era nueva, ya que la vieja era totalmente montañosa, igualmente se producían cortes debidos a las crecidas que tiraban abajo a los puentes más endebles. El Puente Eisenhower, sobre el río Grande, pasó a llamarse Puente de la Amistad Boliviano Japonesa, debido a que los inversores en la reconstrucción de caminos habían cambiado.


Puente de la Amistad Boliviano-Japonesa sobre el río Grande


El camino por donde íbamos era el que quince días atrás tenía un puente roto y mi hija Fernanda no había podido pasar. Y ya los cúmulos comenzaban a transformarse en nimbos y el viento a soplar con intensidad, avecinándose una nueva tormenta de verano, con los riesgos que eso implicaba.


Las palmeras mostraban la intensidad del viento

 

A pesar de que los conductores anunciaran que pronto haríamos una parada, la gente les exigió que les permitiera comprar alguna bebida en una especie de rancho en la ruta, a la altura de Buena Vista, ya que la temperatura continuaba subiendo, y las bocas se secaban.


Venta de bebidas a la altura de Buena Vista

  

En realidad, para la parada faltaba bastante, porque recién se hizo en Ivirgarsama, a casi ciento cincuenta kilómetros de Buena Vista. Pero valió la pena, era el bar del hotel Torero, un lugar limpio y con bebidas bien frescas.


Con el yacaré embalsamado era fácil que Martín se arriesgara...

  

Y así, como en tantas ocasiones, en diferentes partes del mundo había encontrado admiradores de Maradona, ahora la camiseta de Messi aparecía por todos lados.


Martín jugando a espaldas de un admirador de Messi

  

Durante todo el viaje el chofer puso la radio donde pasaron discos de Sandro en forma permanente y en todos los programas continuaron hablando de su vida.


Nuestro micro durante el descanso en Ivirgarsama

  

Continuamos viaje y llegamos al río Chimoré que estaba muy crecido por las frecuentes lluvias. Era un río de la cuenca amazónica que nacía en el Chapare cochabambino a 2800 msnm y se dirigía hacia el noreste hasta su confluencia con el río Ichilo, hasta formar el Mamorecillo. Durante el curso de la llanura, que no superaba los 300 msnm formaba extensos meandros, ensanchando su cauce.


 Río Chimoré a la altura de la ciudad homónima

  

En las cercanías de la ciudad de Chimoré abundaban las plantaciones de plátanos y de otras frutas tropicales.


Plantación de plátanos en Chimoré

  

En Shinahota, Cantón de Germán Busch, había un importante mercado de frutas.


Shinahota en el Cantón de Busch

 

Y comenzamos a subir nuevamente a la montaña. Íbamos pasando de los 300 msnm promedio en que veníamos transitando a casi 800 en pocos kilómetros. 

Llegamos así a Villa Tunari, una zona turística que ofrecía montaña y vegetación tropical como principal atractivo. Se encontraba en el Chapare tropical y cerca había parques nacionales que protegían especies en extinción.


Hotelería en Villa Tunari


Ya por encima de los 1000 msnm en la selva del Chapare Tropical

  

Ese era el lugar de donde había emergido Evo Morales, primero como dirigente cocalero y posteriormente, como político.


Mucho follaje casi encima del micro

  

Al continuar ascendiendo la montaña, la lluvia se intensificó, ¡y no se veía nada! Y en ese momento recordé un relato de Lin Yutang, en su libro “La Importancia de Vivir”, en que contaba que un guía chino había llevado a un grupo de turistas a la cima de una montaña donde todo estaba así de nublado. Y al llegar, los visitantes le reclamaron que allí no se veía nada, a lo que el chino les contestó: “Justamente por eso los traje, para no ver nada.”


Para no ver nada

  

Si bien podía observarse gran parte del bosque selvático original, en la zona abundaban las plantaciones de coca y de otros cultivos tropicales.


Bosque selvático del Chapare

 

En esa zona del Chapare, las precipitaciones superaban los 5000 mm anuales. Eran las más elevadas de Bolivia, y una de las más altas del mundo.


El bosque en la niebla y bajo una intensa lluvia

  

Llegamos a Locotal, una zona de producción de frutas y hortalizas en pleno Chapare Tropical. Estábamos en la Cordillera Oriental de los Andes y ya la altura era de 1600 msnm.

Iglesia y antena parabólica en el Locotal

 

En medio de una lluvia torrencial y dentro de una nube llegamos a los 2700 msnm a la represa de Coraní, que formaba una laguna artificial. Allí se criaban peces que daban de comer a la gente del lugar.


Lluvia y niebla intensa en plena montaña a la altura de Coraní

  

Por un alargado y extenso valle de altura llegamos a Colomi, donde paró la lluvia y se disipó la niebla.


La tempestad se disipó en Colomi

 

Y allí pudimos ver los cultivos que ascendían por las laderas de las montañas.


El sol salió en Colomi

 

Pero en poco tiempo ese sol comenzaba a esconderse para dar paso a una noche calma y tibia.


Anochecer en Colomi

 

Tras todo un día de viaje bien entrada la noche llegamos a Cochabamba.


Terminal de ómnibus de Cochabamba

 

Nos alojamos en un hotel de tres estrellas y Martín rápidamente se tiró en un sillón a descansar.


Martín descansando en el hotel de Cochabamba

 

Pese al cansancio decidimos salir a cenar, y recién más tarde a dormir, para recuperarnos de un viaje tan interesante como agotador.

Estábamos cerca del Centro sobre una avenida donde, aún había arbolitos de Navidad, que estaban muy iluminados.


   Todavía lucían en Cochabamba los arbolitos de Navidad

 

Se trataba de una zona de restoranes y cervecerías, y dimos con uno que pretendía imitar las costumbres de Buenos Aires y en el cual los menúes eran tanto bolivianos como argentinos, algo muy característico de esta ciudad.

 

 

 

martes, 20 de octubre de 2020

Una visita a Cotoca

  La localidad de Cotoca se encontraba a unos veinte kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, sobre la carretera que cruzaba el río Grande para entrar en la Chiquitanía y al Beni. El atractivo principal del pueblo era el Santuario de la Virgen de Cotoca, Patrona del Oriente Boliviano, a la que la gente cariñosamente la llamaba Mamita de Cotoca.

Parroquia del Santuario de Cotoca

 

La Parroquia del Santuario, que llevaba el nombre de la Purísima Concepción de la Virgen, también incluía numerosas comunidades rurales. El Santuario, en ese momento, enero de 2010, era atendido por la Orden de Predicadores o Dominicos.

 

Galería del santuario

 

 Cotoca tenía aproximadamente cuarenta y cinco mil habitantes y era un pueblo apacible, a pesar de ser el principal destino de turismo religioso de todo el Oriente Boliviano.

 

Todavía se podía dormir la siesta en la plaza

  

La imagen de la Virgen de Cotoca consistía en una estatuilla tallada en madera realizada en el siglo XVIII. Estaba vestida con una capa dorada siendo los colores de sus otras vestiduras el blanco y el azul-celeste.   

Imagen de la Virgen de Cotoca

 

 La iglesia, luego de otras construcciones previas, databa de 1839. Era de una sola nave, y en 1844 había sido reparada totalmente. Luego, en 1865 fue reparada nuevamente. 

Vista interior de la Iglesia de la Purísima Concepción de la Virgen

 

La fiesta de Cotoca se celebraba durante los días siete y ocho de diciembre en sintonía con la de la Inmaculada Concepción de María, y el quince de diciembre, en la “recova” se volcaban miles de fieles de toda la región y del resto del país. Se calculaba que durante las peregrinaciones se desplazaban más de doscientas mil personas. Otras concentraciones multitudinarias se producían en Semana Santa, Corpus Christi, la Fiesta de la Cruz, la devoción al Divino Niño y al Señor de los Milagros, que se expresaban con cantos, rezos y danzas. 

El pueblo boliviano se caracterizaba por su elevada religiosidad

 

Existían varias leyendas sobre la aparición de la Virgen. Una de las más populares decía que unos esclavos injustamente acusados por su patrón de haber asesinado a un hacendado, habían escapado a los montes vecinos de Azuzaquí, y mientras descansaban encontraron la imagen de la Virgen, escondida en el hueco del tronco de un árbol. La familia fugitiva rezó para que los ayudara y milagrosamente se descubrió en el pueblo a los verdaderos asesinos.

 

Mural que representaba la leyenda sobre la aparición de la Virgen de Cotoca

 

La torre fue construida por el italiano Bernardo Cadario y entregada en 1902. El Fray Camilo de Agrazar decoró los interiores del templo, y el cura Zacarías Céspedes construyó la casa parroquial en 1939.

Un señor de apellido Salas, quien en un viaje hacia Chiquitos naufragó en el cruce del río Grande, ofreció donar las campanas si se salvaba. Y así lo hizo. 

Campanario del Santuario de Cotoca

  

Cotoca era una localidad muy antigua. Probablemente se habría originado como un villorio, de los tantos formados por los agricultores que habitaban las praderas.  

Antiguas construcciones de Cotoca

 

Durante mucho tiempo fue lugar de descanso obligado de los viajeros a la Chiquitanía y al Brasil. Y estaba muy cerca del lugar donde fuera trasladada, por primera vez, a la ciudad de Santa Cruz “la Vieja”.  

Turismo de todos los sectores sociales

  

Las haciendas habían sido las que le dieron vitalidad a esta región, y Cotoca fue poblada por los negros y mulatos que trabajaban en ellas como esclavos. Y hasta la mitad de siglo XIX, la mayor parte de la población tenía ese origen.   

Sombra reparadora de las altas temperaturas del verano

 

Después de caminar por todo el pueblo, tuvimos que descansar en la plaza, porque el calor se hizo sentir.   

Martín con la camiseta de The Strongest, equipo de fútbol de La Paz

  

Los pueblos originarios eran las comunidades quechua, aymara y guaraní, que elaboraban artesanías en cerámica y realizan tejidos de excelente calidad. 

Vasijas colocadas en la plaza del pueblo 

 

Y como en toda la región, era habitual contar con mercados armados en las calles donde se vendían todo tipo de artículos, en especial comestibles. Un plato típico de esta localidad era el sonso, que se preparaba con yucca y queso. 

Mercado Municipal de Cotoca 

 

Independientemente de cuestiones religiosas, el pueblo se había convertido en un lugar donde pasar el día con absoluta tranquilidad y sintiendo el aroma de los naranjos en el aire, sobre todo para los estresados habitantes de Santa Cruz.