domingo, 26 de abril de 2020

En una estancia de la provincia de Buenos Aires








Junio de 2008. El día siete era el Día del Periodista. Mi padre había fallecido hacía un año y medio, sin embargo, el Circulo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires de donde él había sido Miembro Honorario, nos invitó a mi madre y a mí a un festejo que se haría en una estancia de la provincia de Buenos Aires.
Durante la mañana comenzamos recorriendo el lugar mientras nos explicaban las particularidades del ganado criado allí.

Ganado ovino de raza Corriedale


Ovejas sin cuernos y con doble propósito


Luego, continuamos observando el ganado vacuno que era tanto Holando- Argentino como Jersey, ambas para producción de leche.

Ganado Holando-Argentino


Excelente ejemplar de Holando-Argentino


Ganado Holando-Argentino echado para descansar


La Jersey era una raza de origen británico de pelaje marrón claro, famosa por el alto contenido graso de su leche, la cantidad de litros por unidad de peso, y la docilidad de las vacas.

Ganado Jersey característico por su docilidad


Ubres desarrolladas de las vacas Jersey


Más tarde nos mostraron ordeñadoras mecánicas, boleadoras, arneses, monturas y otros instrumentos requeridos para las actividades campestres.

Ordeñadoras mecánicas


Boleadoras utilizadas para atrapar a los animales desde sus patas traseras


Diferentes tipos de arneses


Monturas y otros instrumentos


Ya pasado el mediodía nos convidaron con un espectacular asado que estaba en el fogón desde varias horas atrás haciéndose en las brasas lentamente. También hubo cantores y bailarines de folklore. Y en una larga sobremesa, mi madre compartió anécdotas de mi padre con sus viejos compañeros.

Mi madre de sobremesa recordando a mi padre con algunos periodistas amigos


Con mi madre durante la sobremesa


Por la tarde hicimos una plácida caminata por los caminos de la estancia para después presenciar una típica carrera de sortija.

Caminata por los caminos de la estancia


Preparando los caballos para la carrera de sortijas


Arrancó la carrera a cien metros del arco


Los jinetes embocando los palillos en las sortijas


Los jinetes alejándose del arco


Un jinete retirando la sortija


El jinete mostrándoles a mi madre y sus compañeras las características de la sortija


Y para terminar el hermoso día de campo nos invitaron con mate cocido y tortas fritas, algo totalmente telúrico.




Visita a la Virgen de la Carrodilla

  
Regresando de la alta montaña mendocina, hicimos una breve visita al santuario de la Virgen de la Carrodilla, Patrona de los Viñedos. Se trataba de un sitio de extremada sencillez donde previo al ingreso a la iglesia, se encontraban varios murales en bajorrelieve representativos de la fe que los viñateros sentían por su imagen.

Mural que mostraba a la Virgen de la Carrodilla en procesión y al fondo, el templo


Bajorrelieve que representaba a los cosecheros ofreciendo sus frutos a la Virgen
bajo el sol mendocino


Mural que ofrecía una imagen de las labores de la tierra mendocina


Bajorrelieve en recuerdo de los frecuentes terremotos


La iglesia había sido construida en 1840 siendo el único templo que se mantuvo en pie después del terremoto de 1861. Sobre la fachada y encima del portal poseía un mosaico que representaba a la Virgen entre los viñedos sobre una carrodilla. La imagen, traída por Antonio de Solanilla desde España a fines del siglo XVIII, estaba tallada sobre madera de roble, y el rostro, las manos y el niño, revestidos en cera natural de abeja. Todos los años, durante la Fiesta de la Vendimia, era levantada y transportada por cosechadores y viñateros quienes se encomendaban a ella para que los ayudara a recoger las uvas y proteger las tierras.
Contaba la tradición que en el año 1250 en un camino de Estadilla, un pueblito enclavado en las montañas de la provincia de Huesca en Aragón, España, había aparecido la Virgen María, con el Niño Dios en sus brazos y un racimo de uva en su mano izquierda, significación de abundancia. Y que lo había hecho a dos carboneros pobres sobre el carro que empleaban para el transporte del producto. De ahí que la llamaran Virgen de la Carrocilla, es decir, del Carrito. Y, supuestamente, después de ese acontecimiento habían encontrado, milagrosamente, la veta que les proporcionaría una vida mejor.
La fe creció y el lugar se convirtió en sagrado por lo que los habitantes del lugar la declararon Patrona de la Carrodilla, nombre que reemplazó al original de “Carrocilla”. Sobre esta cuestión había quienes afirmaban que se trataba de una desfiguración de “Carrodilla”, mientras que otros sostenían que su denominación se debía al nombre de la Sierra donde había aparecido la Virgen. Allí se había construido, en el siglo XVI, una ermita de Nuestra Señora de la Carrodilla, restaurada posteriormente, donde en 1765 fuera bautizado Antonio Solanilla, quien de niño había llegado a Buenos Aires junto a sus progenitores, trayendo entre sus pertenencias, una imagen de la Virgen.
En 1811, Solanilla se radicó en Mendoza, y contrajo matrimonio con Mercedes Estrella, hija de Isaac Estrella que tenía una finca en las cercanías de la ciudad, sobre el camino sur y próxima al canal Cacique Guaymallén. Y, como todas las casonas rurales de la época, contaba con una pequeña capilla. Esa propiedad pasó a ser herencia de Mercedes, quien había formado un hogar muy religioso con Solanilla, donde entronizaron a “Nuestra Señora de la Carrodilla”. Siendo Mendoza tierra donde las vides habían echado raíces profundas, la virgencita con granos de uva en la mano no tardaría en hacerse popular, además de la trasmisión oral de abuelos a nietos, sobre una noche de terrible tormenta de piedra, en que sacaron a la Virgen de la capillita en actitud de ruego, mejorando el tiempo inmediatamente.

Imagen de la Virgen de la Carrodilla


Torre de la Iglesia de la Virgen de la Carrodilla, de una sola nave


Imagen de la Virgen de la Carrodilla en el interior de la iglesia


Junto a la capilla se conservaba parte de la antigua casa solariega, con una evocativa galería, balcones enrejados de madera y fragantes glicinas. En ese momento, año 2008, recientemente recuperada, ya estaba convertida en Casa Parroquial.
Visitamos el museo y mi madre se detuvo a escribir un extenso texto en el libro de peticiones a la Virgen. Y si bien, no se lo pregunté, supongo que tuvo que ver con las oraciones que siempre rezaba por su esperanza de cura respecto del síndrome de autismo que afectaba a mi hijo Martín.

Patio de la Casa Parroquial, otrora vivienda de la familia Solanilla


Al día siguiente, sábado 31 de mayo, partimos hacia Buenos Aires. Esos días en Mendoza habían sido muy intensos. Así que en cuanto subimos al micro nos dormimos, y salvo una parada técnica en Laboulaye, provincia de Córdoba, seguimos así hasta Retiro arribando el 1ro. de junio por la mañana.




viernes, 24 de abril de 2020

En la alta montaña mendocina con mucha nieve






  
Era viernes 30 de mayo, y después de varios días en que los caminos de la alta montaña mendocina estuvieran cerrados, junto con mi madre y mi hijo Martín pude hacer una excursión que llegara hasta Las Cuevas. Así que, a la mañana muy temprano, nos pasaron a buscar, y después de pasar por Potrerillos y Uspallata, hicimos la primera parada en el centro de esquí Los Penitentes.
Al llegar a Potrerillos, si bien aún nos encontrábamos en el ámbito de la Precordillera, pudimos observar a lo lejos, el cordón del Plata totalmente nevado, perteneciente a la cordillera Frontal de los Andes. Y sobre la mano derecha, visualizamos el lago del embalse y presa Potrerillos.

Cordón del Plata visto desde Potrerillos


Lago del dique Potrerillos


Por la ruta nacional número siete nos desplazamos bordeando el río Mendoza que se encontraba en período de estiaje. Y la cantidad de precipitaciones era tan escasa y estacional, que se manifestaba la erosión pluvial en sus márgenes, producida cuando, durante el verano, caían cerca de cien milímetros.

Meandros del río Mendoza en período de estiaje y erosión pluvial en sus márgenes

 
Vegetación esteparia debido a escasas lluvias


Al paso por Uspallata, sólo los conos de deyección conservaban algo de vegetación xerófila.

Cono de deyección en la Precordillera cerca de Uspallata


A partir de ingresar a la cordillera de los Andes comenzamos a ver todas las montañas nevadas y el azul del cielo se intensificó notablemente. Los valles glaciarios en forma de “U” se hicieron más frecuentes, y parte del río Mendoza se mostraba absolutamente congelado.

Puente sobre el río Mendoza al ingresar a la cordillera de los Andes


Laderas cubiertas de nieve y cielo muy azul


Valle glaciario


Río Mendoza congelado


Una senda en la montaña



Centro de esquí Los Penitentes


Pista de esquí de Los Penitentes


Naciente de un río, nevada


Vivienda bajo la nieve


Una huella en la nieve


Martín tocando la nieve por primera vez


Con Martín y mi mamá en Los Penitentes


Construcciones en Los Penitentes


Con Martín y mi mamá luciendo las botas de nieve sobre la ruta nacional número siete


Valle en forma de “U”


Cono de deyección nevado


En plena cordillera de los Andes


La próxima parada fue Puente del Inca. Yo me había allegado hasta allí más de una vez, pero nunca lo había visto nevado. Fue impactante.
El Puente del Inca consistía en una formación rocosa que de manera natural formaba un puente sobre el río Las Cuevas, desde allí denominado Mendoza.
En la época colonial había sido paso obligado de viajeros y correos a Chile; y en 1817, de la campaña del Ejército de los Andes.
En 1903 el ferrocarril llegó a Las Cuevas y pocos años más tarde fueron inaugurados los centros termales de Cacheuta y Puente del Inca, contiguos a las respectivas estaciones ferroviarias.
En 1925 se construyó el hotel Puente del Inca, donde asistían las personalidades más importantes de la época, contando cada habitación con su propio baño termal; sin embargo, desde 1945, cuando Perón fomentó el turismo social, se masificó la afluencia de pasajeros. Pero en 1955, durante el gobierno dictatorial de Pedro Eugenio Aramburu, el hotel fue intervenido y su director reemplazado por un capitán de navío, quien ordenó destruir gran parte de los muebles y toda la vajilla por asociarlos con el peronismo; incluso se decía que había hecho parar un tren con maples de huevos, los cuales fueron eliminados por tener las letras P. P., creyendo que eran las siglas del Partido Peronista, siendo en realidad las del dueño del embarque, el señor Pascual Palmada. Y en 1956, lo privatizó, junto con otros complejos turísticos, quedando en manos de los interventores designados por él.
Pero lo peor sucedió en 1965, año de frecuentes aludes, que además de haber inhabilitado el servicio del tren trasandino, destruyó totalmente el hotel, permaneciendo abandonado desde entonces, a pesar de haberse convertido en un gran atractivo turístico.

En Puente del Inca


Perro San Bernardo


Hotel abandonado en el Puente del Inca, bajo la nieve


Coladas de azufre


Estalactitas de hielo en el Puente del Inca


El río no se congelaba porque sus aguas eran de elevada temperatura


Martín y mi mamá en el Puente del Inca


La afluencia de turistas ha sido muy grande, y a partir del desmembramiento de una parte de la roca, desde 2006 se había prohibido el paso por el puente.
Antes de dejar el lugar, pasamos por la feria que se había armado en las cercanías para comprar algunos objetos que, dejados durante algún tiempo bajo agua sulfurosa, quedaban recubiertos por una capa de azufre.

Vasija cubierta por una capa de azufre


Con mi mamá y Martín antes de dejar Puente del Inca


Ya pasado el mediodía llegamos a Las Cuevas, localidad situada próxima al límite con Chile, siendo la más elevada de la provincia de Mendoza, cuya altitud era de 3557 m.s.n.m.
Antes de descender, pasamos por la capilla Nuestra Señora del Carmen de Las Cuevas, una ermita construida por pedido de Don Orione a partir de un sobrevuelo traumático por la cordillera de los Andes, cuando en 1936 se dirigía a Chile. Como, pese a la turbulencia y perder altura había llegado felizmente a destino, el sacerdote italiano había hecho el voto de construir una capilla en Las Cuevas, cerca del Cristo Redentor, a modo de agradecimiento y también para pedir la unión de Chile y Argentina. Y fue recién el 27 de octubre de 1977 en que, con la asistencia de argentinos y chilenos, pudo ser inaugurada. La Virgen del Carmen, patrona del país trasandino, estaba flanqueada por las banderas de las dos naciones.

Capilla Nuestra Señora del Carmen de Las Cuevas


Allá por el año 1950, el entonces presidente Juan Domingo Perón y su esposa viajaron en el histórico Tren Trasandino hacia Chile cruzando la provincia de Mendoza; y a su regreso, la Fundación Eva Perón dispuso la construcción de un poblado como entrada a la Argentina desde el país vecino. Fue así que, un conjunto de casas de estilo suizo, diera origen a Las Cuevas.

Árboles caducifolios rodeando las viviendas de Las Cuevas


La población estable era mínima, siendo habitada regularmente por quienes tenían a la villa como base para escalar el Aconcagua, el cerro más alto de América, de 6962 m.s.n.m., además de la afluencia diaria de turistas que encontraban allí un lugar donde pernoctar, o simplemente tener un buen almuerzo como el que a nosotros nos brindaron en esa oportunidad.
Sin lugar a duda era muy sacrificado vivir allí durante todo el año, mucho más pensando en las tantas veces que el camino se cortaba por exceso de nieve, sumado a la falta de servicios básicos como salud, educación y comunicaciones.

Hostería Ayelen
ABIERTA TODO EL AÑO


Hospedaje en Las Cuevas


Ingreso bloqueado por la nieve


Pasadizo abierto para ingresar a un salón comedor


En algunos lugares las paredes de nieve eran muy elevadas


Ya por la tarde, después de una guerra de nieve y del armado del tradicional muñeco, pegamos la vuelta antes de que otra tormenta impidiera nuevamente el tránsito por la zona.


Martín feliz con su muñeco de nieve


Fuertes pendientes nevadas en la Cordillera